viernes, 22 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


viernes 22 Mayo 2015

Viernes de la séptima semana de Pascua

Santa Rita de Cascia, Beato João Baptista Machado

Leer el comentario del Evangelio por
San Agustín : «Apacienta a mis ovejas»

Hechos 25,13b-21.

El rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo.
Como ellos permanecieron varios días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: "Félix ha dejado a un prisionero,
y durante mi estadía en Jerusalén, los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron quejas pidiendo su condena.
Yo les respondí que los romanos no tienen la costumbre de entregar a un hombre antes de enfrentarlo con sus acusadores y darle la oportunidad de defenderse.
Ellos vinieron aquí, y sin ninguna demora, me senté en el tribunal e hice comparecer a ese hombre al día siguiente.
Pero cuando se presentaron los acusadores, estos no alegaron contra él ninguno de los cargos que yo sospechaba.
Lo que había entre ellos eran no sé qué discusiones sobre su religión, y sobre un tal Jesús que murió y que Pablo asegura que vive.
No sabiendo bien qué partido tomar en un asunto de esta índole le pregunté a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí.
Pero como este apeló al juicio de Su Majestad imperial, yo ordené que lo dejaran bajo custodia hasta que lo enviara al Emperador".


Salmo 103(102),1-2.11-12.19-20ab.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.

El Señor puso su trono en el cielo,
y su realeza gobierna el universo.
¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles,
los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes!




Juan 21,15-19.

Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermones sobre el evangelio de san Juan, 123

«Apacienta a mis ovejas»

    El Señor pregunta a Pedro sí le ama, lo sabía ya, de nuevo le pregunta no una sino dos y tres veces; y cada vez Jesús le confía el cuidado de pastorear sus ovejas. A su triple reniego responde con una triple afirmación de amor; ha hecho que su lengua sirva como su amor al servicio de su miedo, ha hecho que su palabra testimonie también claramente ante la vida lo que hecho ante la muerte. El ha dado una prueba de su amor ocupándose del rebaño de su Señor, como ha dejado  rengando su miedo al Pastor.


    Evidentemente deben los que se ocupan de las ovejas de Cristo, con la intención de hacerlas sus ovejas, hacer que tengan el afecto de Cristo en lugar de poner el de ellos por Cristo; es el deseo de la gloria y de dominar, el provecho propio el que les conduce y no el deseo de obedecer amando, de socorrer y agradar a Dios. Esta palabra repetida tres veces por Cristo condena que el apóstol llore al buscar su interés más que el de Jesucristo (Flp 2, 21). Qué significan en efecto estas palabras : ¿«Me amas»? Apacienta mis ovejas. El dice: Sí me amas  no te ocupes  de ti sino de mis ovejas; míralas no como tuyas sino como mías; busca en ellas mi gloria y no la tuya, mí poder  y no el tuyo: mis intereses y nos los tuyos. No nos  amemos por tanto nosotros mismos, amemos al Señor, ocupándonos de sus ovejas, buscando el interés del Señor sin inquietarnos del nuestro.







jueves, 21 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


jueves 21 Mayo 2015

Jueves de la séptima semana de Pascua

San Carlos José Eugenio de Mazenod

Leer el comentario del Evangelio por
Simeón el Nuevo Teólogo : «Para que sean como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mi»

Hechos 22,30.23,6-11.

Queriendo saber con exactitud de qué lo acusaban los judíos, el tribuno le hizo sacar las cadenas, y convocando a los sumos sacerdotes y a todo el Sanedrín, hizo comparecer a Pablo delante de ellos.
Pablo, sabiendo que había dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio del Sanedrín: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos".
Apenas pronunció estas palabras, surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió.
Porque los saduceos niegan la resurrección y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos, por el contrario, admiten una y otra cosa.
Se produjo un griterío, y algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y protestaron enérgicamente: "Nosotros no encontramos nada de malo en este hombre. ¿Y si le hubiera hablado algún espíritu o un ángel...?".
Como la disputa se hacía cada vez más violenta, el tribuno, temiendo por la integridad de Pablo, mandó descender a los soldados para que lo sacaran de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza.
A la noche siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo: "Animo, así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, también tendrás que darlo en Roma".


Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
«Señor, tú eres mi bien.»

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.





Juan 17,20-26.

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022), monje griego
Ética, 1,6 y 8 pág. 75-76

«Para que sean como nosotros somos uno; yo en ellos y tú en mi»

El cuerpo de la iglesia de Cristo, resulta armonioso en la reunión de sus santos desde el origen de los tiempos, alcanza su constitución equilibrada e integral en la unión del Hijo de Dios desde los primeros nacidos inscritos en los cielos... hasta nuestro Salvador Dios revela el carácter indisoluble e indivisible de la unión con El cuando dice a sus apóstoles: « Yo en el Padre y el Padre en mí; y vosotros en mí y yo en vosotros» (Jn 14,20). Manifiesta esto con más claridad añadiendo: «yo les he concedido la gloria que tú me has dado para que sean uno como nosotros somos uno, yo en ellos y tú en mí para que sean modelados en unidad» y de nuevo «para que el amor con el que tú me has amado sea en ellos y que yo mismo sea en ellos...»


¡Oh la maravilla, oh la indescriptible condescendencia del amor que Dios nos concede, el amigo de los hombres! Lo que es por naturaleza a la consideración de su Padre, nos concede el ser escuchados por la adopción y por la gracia... la gloria dada al Hijo por el Padre, el Hijo nos la devuelve a su vez por la gracia divina. Mejor aun: igual que Él está en el Padre y el Padre en Él, igual que el hijo de Dios estará en nosotros y nosotros en el mismo Hijo, si lo deseamos así, por la gracia. Una vez se ha hecho semejante a nosotros por la carne, nos ha hecho partícipes de su divinidad y nos incorpora todos a él. Además la divinidad de la cual participamos por esta comunión no se puede dividir en parte separadas; se hace necesario que también nosotros, una vez que hemos participado en ella en realidad, somos inseparables del Espíritu único, formando un solo cuerpo con Cristo.







miércoles, 20 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


miércoles 20 Mayo 2015

Miércoles de la séptima semana de Pascua

San Arcángel Tadini, Beata María Crescencia Pérez, Beato Anton Durcovici

Leer el comentario del Evangelio por
San Cipriano : «Que ellos sean uno»

Hechos 20,28-38.

Pablo decía a los principales de la Iglesia de Efeso:
"Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre.
Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño.
Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas.
Velen, entonces, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no he cesado de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo al Señor y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y darles la parte de la herencia que les corresponde, con todos los que han sido santificados.
En cuanto a mí, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie.
Ustedes saben que con mis propias manos he atendido a mis necesidades y a las de mis compañeros.
De todas las maneras posibles, les he mostrado que así, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: 'La felicidad está más en dar que en recibir'".
Después de decirles esto, se arrodilló y oró junto a ellos.
Todos se pusieron a llorar, abrazaron a Pablo y lo besaron afectuosamente,
apenados sobre todo porque les había dicho que ya no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.


Salmo 68(67),29-30.33-35a.35b-36c.

Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo.

¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno al Señor,
al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo!

El hace oír su voz poderosa,
¡reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel
¡Bendito sea Dios!




Juan 17,11b-19.

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
"Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir
De la Unidad de la Iglesia. ( pág..17-19 )

«Que ellos sean uno»

Hermanos, ¿quién será por tanto bastante pérfido y bastante forzado discutir en su pasión, para imaginar que puede ponerse en su causa y atreverse él mismo a romper la unidad de Dios, el testamento del Señor, la Iglesia de Cristo?( cf Jn 19, 24) En su Evangelio Dios nos ha dado esta advertencia: « habrá un solo rebaño y un solo pastor»(Jn 10, 16) ¿Cabe pensar que en un mismo lugar pueda haber normalmente varios pastores y varios rebaños? Escuchad cómo el apóstol Pablo recomienda igualmente esta unidad: « Hermanos os ruego en el nombre de Cristo Jesús nuestro Señor, tened todos un mismo hablar y no haya divisiones entre vosotros. Sed todos unidos en el mismo espíritu y en los mismo sentimientos, soportándoos mutuamente con amor, esforzándoos en conservar la unidad del Espíritu por el vínculo de la paz.( 1Co 1,10; Ef 4, 2-3)


Por tanto ¿pensáis quedar en pie y vivos todavía, si abandonáis la Iglesia, para establecer en otra parte vuestra permanencia, y alejar de ella vuestro hogar? A propósito de la Pascua ¿no está dicho en el Éxodo que el cordero del sacrificio significado el de Cristo, debe ser comido en una misma casa ( Ex 12, 46) La carne de Cristo, cosa santa del Señor, más que la comida del cordero no puede ser tirada fuera. Los creyentes por tanto no pueden tener otro hogar que la Iglesia una; este hogar, lugar de pensamiento unánime, el Espíritu lo ha dicho cuando sugiere en el salmo (122):»Dios hace habitar en un mismo lugar corazones unidos». Es en la casa de Dios, en la Iglesia de Cristo donde viven los corazones unidos, que pueden mantenerse en la concordia y en la sencillez.







martes, 19 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


martes 19 Mayo 2015

Martes de la séptima semana de Pascua

San Ivo, Santa María Bernarda Bütler

Leer el comentario del Evangelio por
San Agustín : «Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste»

Hechos 20,17-27.

Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso.
Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: "Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia.
He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos.
Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado,
instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús.
Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí.
Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan.
Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme.
Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes.
Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios."


Salmo 68(67),10-11.20-21.

Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
allí se estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre.

¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
El carga con nosotros día tras día;
él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.





Juan 17,1-11a.

Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
"Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti."



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Tratados sobre S. Juan, nº 106

«Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste»

«He manifestado tu Nombre a los hombres.» Estas palabras incluyen, en el pensamiento del Salvador, todos los que creerían en él al ser miembros de esta gran Iglesia de la que forman parte todas las naciones, y de la cual el salmista ha dicho: «Te daré gracias en la gran asamblea» (Salmo 21,26). Así pues es, verdaderamente, esta glorificación por la cual el Hijo da gloria al Padre propagando el conocimiento de su Nombre entre las naciones y a las innombrables generaciones humanas. Cuando dice: «He manifestado tu Nombre a los hombres que me has dado», esto se refiere a lo que precede: «Te he glorificado sobre la tierra...»

«He manifestado tu Nombre a los hombres que me has dado»: no el nombre de Dios, sino el nombre de Padre. Este nombre no podía manifestarlo nadie más que el Hijo. Efectivamente, no hay ningún pueblo que, incluso antes de creer en Jesucristo, no haya tenido un cierto conocimiento de Dios como el Dios de toda la creación. Porque el poder del Dios verdadero es de tal magnitud que no puede estar escondido en una criatura razonable que quiere usar de su espíritu. Excepto un pequeño número de individuos cuyo carácter ha llegado a la depravación, todo el género humano reconoce a Dios como al autor de este mundo... Pero el nombre de Padre de Jesucristo, por el cual él quita el pecado del mundo, no era, en absoluto, conocido, y es éste nombre el que el Señor manifiesta a aquellos que su Padre le ha dado.







lunes, 18 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


lunes 18 Mayo 2015

Lunes de la séptima semana de Pascua

Beata Blandina (María Magdalena) Merten, San Félix de Cantalicio

Leer el comentario del Evangelio por
Liturgia caldea: "Para que en mí encontréis la paz"

Hechos 19,1-8.

Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo, atravesando la región interior, llegó a Efeso. Allí encontró a algunos discípulos
y les preguntó: "Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?". Ellos le dijeron: "Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo".
"Entonces, ¿qué bautismo recibieron?", les preguntó Pablo. "El de Juan", respondieron.
Pablo les dijo: "Juan bautizaba con un bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús".
Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús.
Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar.
Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir a sus oyentes.


Salmo 68(67),2-3.4-5ac.6-7ab.

¡Se alza Dios!
Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.

Tú los disipas como se disipa el humo;
como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos ante Dios.

Pero los justos se regocijan,
gritan de gozo delante de Dios
y se llenan de alegría.

¡Canten a Dios,
¡Abranle paso al que cabalga sobre las nubes!
Dios en su santa Morada

es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos.




Juan 16,29-33.

Los discípulos le dijeron a Jesús: "Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios".
Jesús les respondió: "¿Ahora creen?
Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo".



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Liturgia caldea
Himno al oficio del segundo día del «Ba'oussa», de San Efrén

"Para que en mí encontréis la paz"

Señor, tu misericordia es eterna. Y Tu, Cristo, que eres toda la misericordia, danos tu gracia; extiende tu mano y ven a ayudar a todos los que están tentados, tú que eres bueno. Ten piedad de todos tus hijos y ven a socorrerlos; concédenos, Señor misericordioso, poder refugiarnos a la sombra de tu protección y vernos liberados del mal y de los adeptos al Maligno.

Mi vida se ha estropeado como una tela de araña. En tiempo de desgracia y turbación hemos llegado a ser como refugiados, y nuestros años se han marchitado bajo el peso de la miseria y de todos los males. Señor, tu has calmado la mar con una palabra tuya, en tu misericordia aplaca también los disturbios del mundo, sostiene al universo que tambalea bajo el peso de sus faltas.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Señor, extiende tu mano misericordiosa sobre los creyentes y confirma la promesa hecha a los apóstoles: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20). Socórrenos como los has socorrido a ellos y, por tu gracia, sálvanos de todo mal; danos seguridad y paz para que te demos gracias y en todo tiempo adoremos a tu Santo Nombre.







domingo, 17 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


domingo 17 Mayo 2015

Solemnidad de la Ascensión del Señor

San Pascual Bailón

Leer el comentario del Evangelio por
Liturgia siríaca: «¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido» (Lc 15,6)

Hechos 1,1-11.

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo,
hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios.
En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado.
Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días".
Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?".
El les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.
Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra".
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos.
Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,
que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".


Salmo 47(46),2-3.6-9.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.




San Pablo a los Efesios 4,1-13.

Hermanos:
Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido.
Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.
Traten de conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz.
Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida.
hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.
Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.
Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido.
Por eso dice la Escritura: Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres.
Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra.
El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo.
El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros.
Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo,
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.


Marcos 16,15-20.

Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."
El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas;
podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán".
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

Liturgia siríaca


«¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido» (Lc 15,6)

En el día de la Ascensión, oh Cristo Rey

los ángeles y los hombres te aclaman:

«Tú eres santo, Señor, porque has descendido y has salvado a Adán,

al hombre hecho de polvo (Gn 2,7),

del abismo de la muerte y del pecado,

y por tu santa Ascensión, oh Hijo de Dios,

los cielos y la tierra entran a gozar de la paz.

¡Gloria a aquél que has enviado!»

La Iglesia ha visto a su Esposo en la gloria,

y ha olvidado los sufrimientos soportados en el Gólgota.

En lugar del peso de la cruz que llevaba

es una nube luminosa la que lo lleva.

Y él se levanta, vestido de esplendor y majestad.


Un gran prodigio tiene lugar hoy en el monte de los Olivos:

¿Quién es capaz de decirlo?...

Nuestro maestro había descendido buscando a Adán

y después de haber encontrado al que estaba perdido,

lo trae sobre sus espaldas

y glorioso lo introduce en el cielo con él (cf Lc 15, 4s).

Vino y nos mostró que era Dios;

se revistió de un cuerpo y nos mostró que era hombre;

descendió a los infiernos y mostró que había muerto;

subió y ha sido exaltado y nos ha mostrado cuán grande es.

¡Bendita sea su exaltación!


En el día de su nacimiento, María se alegra,

en el día de su muerte, la tierra tiembla,

en el día de su resurrección, el infierno se aflige,

en el día de su ascensión, el cielo exulta.

¡Bendita sea su Ascensión!







sábado, 16 de mayo de 2015

El Evangelio del Día


sábado 16 Mayo 2015

Sábado de la sexta semana de Pascua

San Nimatullah Al – Hardini  , Vladimir Ghika, San Simon Stock

Leer el comentario del Evangelio por
San Bernardo : «Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará»

Hechos 18,23-28.

Después de haber permanecido un tiempo allí, partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos.
Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras.
Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan.
Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios.
Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe,
porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.


Salmo 47(46),2-3.8-9.10.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente.




Juan 16,23b-28.

Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".



Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por :

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón de Cuaresma nº5, 5

«Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará»

Cada vez que hablo de la oración, me parece escuchar dentro de vuestro corazón ciertas reflexiones humanas que he escuchado a menudo, incluso en mi propio corazón. Siendo así que nunca cesamos de orar ¿cómo es que tan raramente nos parece experimentar el fruto de la oración? Tenemos la impresión de que salimos de la oración igual que hemos entrado, nadie nos responde una palabra, ni nos da lo que sea, tenemos la sensación de haber trabajado en vano. Pero ¿qué es lo que dice el Señor en el evangelio? «No juzguéis por las apariencias, sino tened un juicio justo» (Jn 7,24) y ¿qué es un juicio justo sino un juicio de fe? Porque «el justo vive de la fe» (Ga 3,11). Sigue, pues, el juicio de la fe más seguro que el de tu experiencia, porque la fe no engaña, mientras que la experiencia puede inducirnos al error.

Y ¿cuál es la verdad de la fe sino la que el mismo Hijo de Dios nos promete?: «Cualquier cosa que pidáis en la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis» (Mc 11, 24). Así pues, hermanos, ¡que ninguno de vosotros tenga en poco su oración! Porque, os lo aseguro, aquel a quien ella se dirige, no la tiene en poca cosa; incluso antes de que ella haya salido de vuestra boca, él la ha escrito en su libro. Sin la menor duda podemos estar seguros de que Dios nos concede lo que pedimos, aunque sea dándonos algo que él sabe ser mucho más ventajosa para nosotros. Porque «nosotros no sabemos pedir como es debido» (Rm 8, 26) pero Dios tiene compasión de nuestra ignorancia y recibe nuestra oración con bondad... Entonces «sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón» (Salmo 36,4).